Entrevista a María Cristina Escudero

Exintegrante del Comité de Sistematización del proceso constituyente:

“Piñera debe decidir si quiere pasar a la historia como pasaron las reformas constitucionales de Lagos en 2005 o si quiere hacer algo más”

 

Mientras el Gobierno saliente prepara el proyecto de nueva Constitución para enviarlo al Congreso en enero, el Presidente electo ha señalado que sólo hará modificaciones parciales a la actual carta fundamental. María Cristina Escudero, integrante del equipo que analizó y sistematizó las opiniones de los diálogos ciudadanos sobre la Constitución en 2016, plantea que el futuro mandatario debe recoger dichos insumos.

Por Mariana Ardiles Thonet

María Cristina Escudero no cree que el proceso de cambio constitucional haya tenido su punto final. “El tema está ahí y la Constitución sigue siendo la misma”, señala. Pese a que el Presidente electo, Sebastián Piñera, no propone crear una nueva carta fundamental, la ex integrante del Comité de Sistematización de la etapa participativa del proceso constituyente afirma que las modificaciones a la Constitución no deberían recaer en un solo gobierno y que suelen ser extensas: “La política comparada muestra que los momentos constituyentes van in crescendo. Cada vez es más difícil de resistir”, indica.

Doctora (c) en Ciencia Política UC, académica del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile y especializada en la sustitución de las cartas fundamentales —su tesis doctoral aborda los reemplazos constitucionales en democracia en América Latina—, Escudero explica que estos procesos son impulsados por la ciudadanía, pero que también requieren acuerdos de las élites.

Además, plantea que la formación ciudadana es importante para que las personas comprendan cómo inciden en sus vidas las normas contenidas en la carta fundamental. “Cuando se les pregunta a los ciudadanos directamente en encuestas, ellas dicen que quieren una nueva Constitución. Pero si se les pide indicar sus temas prioritarios, la gente no indica un asunto político como éste. La política está muy desacreditada y la Constitución no va a aparecer más arriba que salud o educación a menos de que haya una contingencia. Con educación cívica sería más fácil hacer la conexión de que si existe un Estado subsidiario, por ejemplo, no van a tener un Estado de bienestar. Todavía se ve la Constitución muy arriba, en temas políticos”, asegura.

La Presidenta Bachelet le señaló a Sebastián Piñera que presentará el proyecto de nueva Constitución próximamente. Sin embargo, en su campaña, el Presidente electo dijo que haría reformas constitucionales, no un reemplazo. ¿Qué debería hacer él con dicho proyecto?

—Lo más importante es que el proyecto de la Presidenta Bachelet va a tener los insumos de la etapa participativa del proceso constituyente. Eso es muy valioso, pues se le preguntó a la ciudadanía, ésta tuvo mecanismos de hacer llegar su preferencia y estas preferencias se analizaron metodológicamente para generar un insumo que es trazable, confiable y que el mismo Presidente Piñera puede revisar. No sería positivo que esos insumos se perdieran, porque se incentivó a la ciudadanía en un proceso que no estuvo teñido por un color político ni dirigido desde la Presidencia para lograr a ese sector le convenía. Eso se ve en las propias Bases Ciudadanas. Los procesos constituyentes continúan aunque los líderes no quieran, lo que pasa es que tienen altos y bajos. Puede que Piñera sienta que el proceso no está en un alto, pero después vuelven a surgir. Se trata de procesos de larga data, pueden durar diez años. Si él no quisiera hacer una asamblea constituyente, que es como el ícono más notorio de un proceso constituyente, y quisiera hacerlo a través del Congreso, que también es un mecanismo válido para hacer un reemplazo constitucional, lo puede hacer a través de reformas. Sigue siendo un proceso constituyente. Ahora, si él no promulga una nueva Constitución, la ciudadanía juzgará si va a ser suficiente o no para legitimar las nuevas reglas del juego. Pero lo que sí debería hacer el nuevo Presidente es escuchar lo que la gente dijo en las Bases Ciudadanas y que va a estar reflejado en el proyecto de la Presidenta Bachelet, y ver qué es lo que a él lo convence para avanzar en las nuevas reglas del juego que el país se quiere dar.

En la campaña de Sebastián Piñera el tema del cambio constitucional no era prioritario, a diferencia de lo que ocurría con otros candidatos. Él hizo una suerte de comparación con las reformas de 2005 con Ricardo Lagos, y planteó que ahora es necesario modernizar la Constitución. ¿Qué salidas le ves tú a este proceso?

—Piñera va a tener que decidir si quiere pasar a la historia como pasaron las reformas de Lagos en 2005 o si quiere hacer algo más. Si bien las reformas de Lagos fueron muy importantes —porque eliminaron a los senadores designados, que ya es una gran cosa, abrieron el camino para cambiar el binominal, entre otros logros—, la gente no lo consideró suficiente. Al año siguiente ya estábamos con protestas y marchas en la calle. Ese proceso no es un buen referente en cuanto a mecanismo de reforma constitucional.

Se podría esperar que la movilización estudiantil vuelva y que vaya de la mano con la demanda de nueva Constitución.

—Es claro que los momentos constituyentes los produce la ciudadanía. Bachelet tomó un momento constituyente que se fue apagando por la contingencia, pero eso no quiere decir que no vuelva a surgir y que superamos el tema constitucional. Por el contrario, yo creo que la gente está expectante. Tuvimos una elección entre medio, un año difícil en términos económicos, entonces me da la impresión de que no hay que confiarse en que ya no hay momento constituyente, en que eso fue en 2016 y que ya no es así, porque el tema está ahí y la Constitución sigue siendo la misma. Es muy probable que vuelva a surgir: la política comparada muestra que los momentos constituyentes van in crescendo. Cada vez es más difícil de resistir. Va a depender de cómo los liderazgos políticos van canalizando esto, porque a veces la ciudadanía simplemente pasa por arriba del sistema político y eso es lo que hay que tratar de evitar. Ejemplos que a muchos políticos les dan susto, en los que la ciudadanía pasa por arriba del sistema político, son Bolivia y Venezuela. Si la élite política no reacciona a tiempo, la ciudadanía no se detiene.

Cuando el actual Gobierno anunció el inicio del cambio constitucional, planteó un proceso que debería continuar en el Gobierno siguiente. ¿Crees que hubiese sido mejor realizar las diferentes etapas con mayor anterioridad, para así haber llegado con más avance al momento del cambio de mando?

—Mirado desde adelante hacia atrás siempre se puede decir “¿y si hubiera pasado esto?”. Por alguna razón no ocurrieron las cosas. Hubo contingencias, hubo varios desastres naturales entre medio, había que hacer una preparación de la etapa participativa… Pero lo peor que puede pasar es hacer un proceso constituyente que sólo dependa de un gobierno, porque al final tiene que haber un consenso tanto en la ciudadanía como en la élite política. El tema constitucional avanzó, en el sentido de que todos incorporaron esto en sus campañas. Piñera lo incorporó de forma matizada, pero en su programa hay muchas reformas, entendió que había que hacer algo. Probablemente no están muy de acuerdo con la agenda de centroizquierda, pero ahí tiene que construir una agenda. ¿Cuáles son los aspectos principales que el país quiere incorporar en su nueva carta fundamental?

Dado que los procesos constituyentes son largos, puede ser difícil ver esto, pero ¿hay experiencia comparada sobre procesos o intentos de cambio constitucional que hayan quedado inconclusos? ¿Qué ocurre en esos casos?

—Sólo por darte un ejemplo, en Bolivia el proceso constituyente empezó a ser solicitado en 1998, las protestas grandes se produjeron en 2003, las reformas posibilitaron una asamblea constituyente ocurrieron en 2004, la asamblea constituyente se realizó en 2006 y la Constitución recién se promulgó en 2009. Pasaron once años. Se ve un proceso inconcluso durante todo ese período. En Colombia, lo mismo: fue el Presidente Betancur el que empezó el proceso en el año 1985, o incluso antes. Son procesos que demoran en concitar el consenso general. Habiendo dicho esto, sí, un ejemplo de proceso inconcluso, por ahora, porque no sabemos qué va a pasar, es el de Islandia, que partió con mucha motivación ciudadana, pero no hubo una buena compensación en términos de los organismos representativos. Ese proceso está estancado en una discusión política en que nadie cede. Hay que ir mirando lo que pasa con la ciudadanía. Al final es la ciudadanía la que tiene que presionar por sus propios cambios. Islandia sigue funcionando, pero tiene una Constitución inconclusa.