Entrevista a Hélène Landemore

 

Teórica política Hélène Landemore:

Apertura y  ‘tomar a los ciudadanos en serio’ son claves para el éxito de un cambio constitucional

Entrevista de Claudia Heiss para el Observatorio del Proceso Constituyente en Chile.

Hélène Landemore, profesora de ciencia política de la Universidad de Yale y doctora por la Universidad de Harvard, visitó recientemente Chile para abordar algunos desafíos de la democracia contemporánea y discutir el papel de la participación deliberativa en la elaboración constitucional. Invitada por el Congreso del Futuro y Fundación Tribu, tuvo una agenda intensa: expuso en el “Congreso del Futuro”, el Foro “Democracia 2050”, organizado por ICARE y Tribu, y en el seminario de Flacso-Chile y Tribu “Procesos constituyentes y el caso de Chile”. En este último, tomó ejemplos de una detallada descripción del proceso constituyente en Islandia para explorar el papel de la participación, la representación a través de sorteo en vez de elecciones, y el uso de tecnologías de “crowdsourcing” para abrir el debate político a la población general. Al término de esta conferencia, la académica dedicó algo de su tiempo al Observatorio del Proceso Constituyente en Chile para conversar sobre participación y elaboración constitucional.

¿Qué papel juega la participación ciudadana en procesos constituyentes? ¿Qué tipo de involucramiento y participación le parece que serían los más deseables?

Lo que por mucho tiempo solíamos querer decir con participación era “hagamos un referéndum”. La gente se ha cansado de eso. No basta con tener la última palabra. Si no has tenido el derecho de dar forma y determinar el contenido de lo que se está decidiendo, tu palabra final no significa mucho. Los franceses y holandeses rechazaron la Constitución Europea el 2005 por esa razón. Dijeron “esta no es la constitución que queríamos”. La pregunta entonces es cómo incrementar la participación de manera que sea más significativa y tenga lugar a través de todo el proceso: al comienzo, en el medio y al final. La gente debe poder incidir en determinar la agenda del debate y en discutir el modelo de elaboración constitucional. Siempre uso el proceso constituyente de Islandia como un buen ejemplo de cómo implementar esa participación, pero incluso ellos pudieron haber sido más inclusivos. El Foro Nacional en Islandia estaba compuesto por 950 personas que se reunieron a pensar sobre valores que querían ver consagrados en el texto constitucional; pudieron haber tenido una fase de crowdsourcing [colaboración masiva] a ese nivel, para asegurarse de que no estaban olvidando perspectivas importantes. Adicionalmente, el Foro Nacional pudo haberse replicado a nivel de las ciudades en cuerpos similares de ciudadanos (con algunos mecanismos para enviar sus inputs al Foro Nacional), de manera de lograr que la mayor cantidad de grupos ciudadanos hablara sobre la constitución. Es cierto que hay límites a lo que es factible: incluir a la ciudadanía, por ejemplo, a través de asambleas de varios cientos de personas elegidas al azar, es un procedimiento costoso. Pero también garantiza una enorme ganancia en la legitimidad y la calidad del producto, y en la probabilidad de que tenga éxito, tanto en el sentido de generar buenos resultados como de ser respaldada por la población.

No me gusta mucho la noción de “democracia directa”. En vez de eso, propongo un nuevo concepto de “apertura” donde no es necesario que participes directamente en el proceso de toma de decisiones pero tienes la oportunidad de involucrarte si lo deseas. Si un proceso es abierto, significa que existe igual oportunidad de participar. Un proceso abierto puede no involucrar necesariamente participación masiva, pero es accesible a los ciudadanos comunes a través de mini-públicos como el Foro Nacional, pero también a través de plataformas deliberativas y de crowdsourcing y a través de la transparencia de todo el procedimiento. Sobre la base de lo que la gente ve y entiende del proceso, pueden elegir participar o no en la fase deliberativa. Pueden decir “quienes ya están participando están haciendo un trabajo suficientemente bueno, así que no es necesario que yo aporte”, o “falta esto o aquello, tengo que decir algo”. Por el contrario, cuando un proceso es opaco, entonces no sabes si necesitas o no participar porque no tienes toda la información necesaria para tomar una decisión.

Lo que podrían intentar en Chile es una versión del modelo islandés donde, en la etapa de redacción, quienes elaboraron el texto sometieron a crowdsourcing su borrador poniéndolo en internet en distintos momentos. De esa manera reunieron mucha retroalimentación útil que luego se incorporó al borrador final –cerca del 10% de los comentarios hicieron alguna diferencia causal en el texto–. También se podría implementar algo así como un derecho de iniciativa, para que la gente pueda enviar una propuesta a la Asamblea Constituyente y que la Asamblea al menos la discuta y entregue alguna respuesta sobre por qué decidió tomarla o no en consideración. En Islandia, donde estaban probando el crowdsourcing en un contexto constitucional por primera vez en la historia, puede que hayan pasado por alto grandes propuestas por falta de tiempo, malentendidos o desalineación ideológica. No estaban completamente preparados para procesar todos los aportes que recibieron. La gente probablemente pudo haber puesto más temas sobre la mesa. ¡Hay tantas maneras de reinventar los procesos constitucionales! Tenemos que ver todas las opciones de diseño constitucional y sólo después considerar las restricciones políticas y económicas. Tendemos a suponer las restricciones primero, y sólo después pensar en el diseño. Seamos ambiciosas respecto del diseño primero, y luego veamos qué es factible.

Los estudios empíricos parecen haber sido incapaces, hasta ahora, de producir evidencia concluyente de que la participación ciudadana afecta los resultados constitucionales en alguna dirección en particular. ¿En qué forma crees que el proceso afecta al resultado?

La evidencia es mixta, en parte porque los investigadores usan distintos conceptos de participación (¿estamos hablando de un referéndum o de una genuina deliberación? ¿la participación tiene lugar al comienzo del proceso, durante la etapa de redacción, o sólo al final?) o la miden de formas diferentes, lo que hace aún más difícil comparar resultados.

Los resultados [outcomes] que analizan los investigadores también son muy distintos. Algunos investigadores intentan medir el impacto de la participación en los niveles de democracia tras la implementación de una nueva constitución. Eisenstadt, Levan y Maboudi,[1] por ejemplo, han mostrado que casos de participación popular en la etapa de redacción muestran niveles superiores de democracia post-implementación. John Carey[2] sostuvo que procesos constitucionales más inclusivos dan como resultado sistemas políticos más democráticos, moderados y duraderos. Del lado negativo, en países en transición desde un régimen autoritario, o después de una guerra o guerra civil, la participación puede las cosas peores, dando resultados menos liberales (que generalmente consideramos como “peores”).[3] Las investigaciones a menudo se han hecho en contextos de crisis. Sin embargo, si lo haces de forma correcta y en las circunstancias apropiadas, la teoría predice que deberías obtener un mejor texto con un proceso más participativo; una democracia más estable, porque la gente se beneficia del sistema que se produce y el proceso tiene mayor legitimidad.

Otro problema es que muy a menudo “participación” es sólo una forma que tiene el poder de comprar legitimidad a bajo costo. Eso ocurrió en Sudáfrica. Dos millones de presentaciones (desde firmas hasta cartas) quedaron sin ser leídas porque los partidos políticos ya habían establecido los términos del acuerdo. El gobierno le dio a la gente la ilusión de que su voz importaba pero al final no la escucharon. Este tipo de participación puede ser mejor que nada en términos de valor simbólico y en términos de las expectativas democráticas que crea en la población, pero también es peligrosa. El peligro es que si haces esto muy seguido –crear expectativas y luego defraudarlas engendras cinismo– y descompromiso entre los ciudadanos. Si les vas a pedir participación a los ciudadanos, deberías pensar bien tu diseño institucional y cómo vas a sacar el máximo provecho del tiempo y los aportes de la gente. Deberías tomarte en serio a los ciudadanos.

Sobre la base de su estudio sobre Islandia y tal vez también en el caso chileno, ¿cuáles cree que son los principales pros y contras de separar una fase de consulta participativa de la elaboración efectiva de la constitución?

Creo que hay un gran problema conceptual. Si pasas toda la información reunida en la primera etapa a través del estrecho filtro de unas pocas personas en la cima, habrá una enorme pérdida, sin importar lo bienintencionada que sea la gente que está filtrando. Es importante infundir principios participativos a través de todo el proceso. La elaboración constitucional debería hacerse por una asamblea específica, reunida para ese propósito específico, de preferencia elegida, tal vez seleccionada al azar. Podría ser mixta: en parte seleccionada al azar y en parte electa, como en Irlanda. No tengo la respuesta y ningún experto la tiene. Esta asamblea debería consultar ampliamente, a través de plataformas deliberativas y de crowdsourcing donde todos los ciudadanos puedan entregar alguna retroalimentación a los constituyentes. Los mecanismos y procedimientos mismos deberían ser discutidos de manera democrática, con amplio escrutinio por todos los ciudadanos. La verdadera demostración de que un gobierno confía en su propio pueblo es cuando incluyes al pueblo en la redacción de la constitución misma.

Parece inevitable que la redacción final de una nueva constitución la realice un grupo pequeño de personas, a pesar de lo participativo que haya sido el proceso hasta ese punto. ¿Cómo debería hacerse la redacción misma para garantizar la legitimidad del texto resultante?

Es inevitable. No puedes tenernos a todos redactando la constitución. Es bueno que lo haga un cuerpo que rinda cuentas. Pero puede ser abierto. Puede ser receptivo a lluvias de ideas, a recibir insumos y modificar sus ideas a la luz de ellos. Una Asamblea Constituyente me parece el mejor modelo en general.

Si la redacción ocurre en un cuerpo representativo como una Asamblea, Congreso, o algún otro tipo de órgano, ¿qué características debe tener para preservar la legitimidad que otorga un proceso participativo?

Debería explicar sus elecciones. Entablar un diálogo y deliberación con la gente. Tiene que explicar y entrar en una conversación. La discusión debería incluir a ciudadanos corrientes, políticos comunes y constituyentes. Para que ocurra una conversación de este tipo, los medios de comunicación tienen una importante responsabilidad. El islandés es una nota de advertencia desde este punto de vista, porque los medios islandeses hicieron un mal trabajo de cobertura del trabajo del concejo constitucional.

¿Cómo deberían elegirse los integrantes del cuerpo representativo a cargo de la redacción? ¿Es recomendable que el Congreso mismo elabore una nueva Constitución o debería ser un órgano totalmente separado?

El Congreso es el menos creíble para esa tarea. Las asambleas electivas que ya están en el poder no son adecuadas para crear una nueva constitución. Debería ser una asamblea para una vez, creada para la tarea específica de redactar la constitución, a fin de prevenir la promoción de intereses creados a través del diseño constitucional.

Referencias

[1] Constituents Before Assembly: Participation, Deliberation, and Representation in the Crafting of New Constitutions, Cambridge University Press, 2017.

[2] “Does It Matter How a Constitution Is Created?”, en Zoltan Barany y Robert G. Moser, eds., Is Democracy Exportable?, Cambridge University Press, 2009.

[3] Véanse Abrak Saati, The Participation Myth: Outcomes of Participatory Constitution Building Processes on Democracy., tesis doctoral, Umeå University, 2015; William Partlett, “The Dangers of Popular Constitution-Making”, en Brooklyn Journal of International Law 38 (1), 2012; y Nathan Brown, “Islam and Constitutionalism in the Arab World: The Puzzling Course of Islamic Inflation.” en Aslı Bali and Hanna Lerner, eds., Constitution Writing, Religion, and Democracy, Cambridge University Press, 2016.

 

Hélène Landemore es autora de Hume. Probabilité et Choix Raisonnable (PUF: 2004) y Democratic Reason: Politics, Collective Intelligence, and the Rule of the Many (Princeton University Press 2013), donde defiende una democracia basada en la inteligencia colectiva que genera la inclusión de ciudadanos con ideas diferentes. También es co-editora, junto a Jon Elster, de Collective Wisdom: Principles and Mechanisms (Cambridge University Press 2012).

Actualmente desarrolla un proyecto sobre tecnología digital y teoría democrática y trabaja en su próximo libro: Open Democracy: Reinventing Popular Rule for the 21st Century, donde teoriza acerca de una alternativa a la democracia representativa sobre la base de ejemplos concretos de innovaciones de democracia participativa y deliberativa.