Roberto Saba en Coloquio del Observatorio: “Un proceso constituyente no debe realizarse con presión ni urgencia”

En un encuentro organizado por el Observatorio del Proceso Constituyente en Chile, junto a Amaya Álvez (Universidad de Concepción) y Lucas Sierra (CEP), el académico de la Universidad de Buenos Aires, Roberto Saba, planteó también que la Constitución chilena “implica ciertos bloqueos al debate democrático”.

Una reflexión en torno a los elementos legitimadores de las constituciones políticas y sobre el proceso de cambio constitucional que vive Chile realizaron los académicos y abogados Roberto Saba, Amaya Álvez y Lucas Sierra este lunes 7 de agosto en la Biblioteca Nacional, en un encuentro organizado por el Observatorio.

El profesor Roberto Saba, académico de la Universidad Buenos Aires y de la Universidad de Palermo, enfatizó la importancia de que los cambios constitucionales se realicen de forma pausada. “El proceso constituyente no debe realizarse con presión ni urgencia. Mientras más tiempo lleve, con ciertos límites, mejor será el resultado”, aseguró.

El académico también se refirió a la discusión que se ha dado en Chile respecto del mecanismo para reemplazar la carta fundamental dentro de la institucionalidad, y desestimó la idea de que la validez de un cambio constitucional esté ligado directamente al seguimiento de las reglas de reforma que establece la carta fundamental.

“Si ponemos un énfasis tan importante en las reglas preestablecidas nos quedaríamos sin argumentos para validar casi cualquier Constitución. Todas las constituciones originarias –la primera Constitución de cada país– han sido creadas por autoridades que no fueron facultadas para hacerlo. Nadie les ha dado facultades para eso”, explicó.

“Pareciera que la Constitución chilena implica ciertos bloqueos al debate democrático. Un debate en Chile es si se puede modificar la Constitución sin seguir los procedimientos que ésta establece. Si la Constitución es producto de un consenso democrático, no es necesario que sea resultado de esos procedimientos”, agregó.

Según explicó el profesor Saba, hay diversas tesis respecto de la fuente de legitimidad de una Constitución: sus contenidos, vale decir, las reglas y normas que ella establece; su procedimiento de creación, independientemente del resultado de aquél; o los presupuestos del proceso democrático.

Respecto de este último, señaló: “El proceso democrático supone que todos somos iguales en ese proceso. Ninguno vale más que otro ni tiene doble voto o más influencia. Esta tesis domina la legitimidad de la Constitución y tiene cierto compromiso con los contenidos, pues no puede conducir a cualquier resultado”, planteó.

A continuación, el Subdirector del Centro de Estudios Públicos (CEP) y ex integrante del Consejo Ciudadano de Observadores del proceso constituyente, Lucas Sierra, se refirió también a la fórmula de cambio constitucional que, a su juicio, sí debe ser respetuosa de la institucionalidad vigente.

“Nos cuesta pensar en momentos constitucionales porque cuando no se siguen las reglas del procedimiento habitualmente es porque se ha producido un bombardeo”, explicó, haciendo alusión a procesos violentos de cambio constitucional.

Aseguró que una Constitución con demasiados contenidos sería “dispararnos en el pie desde el punto de vista democrático”. “Mientras más inflamos la Constitución, más poder le damos a los jueces y menos al Parlamento. Cada vez se van creando como callampas organismos autónomos constitucionales. Ésos son pasos que se dan para reducir cada vez más la democracia representativa”, afirmó.

Por último, Amaya Álvez, académica de la Universidad de Concepción, realizó un crítico análisis de la Constitución chilena, y aseguró que ésta no valora la democracia.

“Las constituciones sólo tienen sentido en cuanto constituciones democráticas. Si uno examina nuestra Constitución la mayor parte de los derechos dicen relación con el mundo privado, dejando al Estado en una posición residual. La Constitución del 80 no sólo no toma en serio la democracia, sino que la desprecia”, indicó Álvez.

Asimismo, valoró la experiencia de diálogo y deliberación generada en los encuentros locales de la etapa participativa del proceso constituyente.

“Los encuentros locales autoconvocados fueron una experiencia riquísima. Si bien el formato era rígido, fue un diálogo ciudadano magnífico, en donde pudimos disentir, pero llegar a acuerdo para levantar el acta. Sin embargo, cuando se estaba calentando el proceso y se estaban realizando más encuentros, se acabó el plazo para convocarlos”, enfatizó.